Sandro: Un mundo de sensaciones

 

sandro su vida

Cincuenta años atrás se publicaba el primer single grabado por Sandro con los temas “¿A esto le llamas amor?” y “Eres el demonio disfrazado”, inaugurando la carrera del cantante argentino que llegaría a vender 22 millones de discos en todo el mundo, protagonizar once películas y ganar un Grammy latino. Este aniversario es el disparador de la muestra “Yo, Sandro. Un mundo de sensaciones”, que quedó inaugurada ayer en el Centro Cultural Borges y que permanecerá abierta hasta el próximo 6 de octubre.
La exhibición propone un emotivo viaje a la vida del artista a través de una serie de objetos que formaban parte de su cotidianeidad en la casona de Banfield, junto a originales de sus canciones, sus instrumentos musicales, los premios ganados, sus trajes de escena y hasta sus autos. Todo cuidado por Olga Garaventa, la viuda de Sandro, en el marco de una muestra dirigida por Alejandro Salade y apadrinada por Soledad Silveyra y Teté Coustarot.
La exhibición quedó inaugurada al público ayer a las diez de la mañana y promediando el mediodía el muro reservado para que los fans del “gitano” expresaran sus sentimientos usando marcadores, ya estaba lleno de grafitis escritos por seguidores de distintos puntos del país y del mundo.
Nicolás Vayas, un ecuatoriano de paso por la Argentina fue uno de los primeros en dejar su firma en el muro: “crecí escuchando esta música en Ecuador, mis padres amaban a Sandro y en casa no se escuchaba otra cosa. Para mi ver esto es pura emoción”, le dijo a este diario.
La muestra se desarrolla en dos pabellones del Centro Cultural Borges. En el primero de ellos destacan las guitarras que pertenecieron al “gitano”, entre ellas, la que fue hecha por el luthier Sergio Repiso y que Sandro donó en 1982 en el marco de un programa de TV solidario por la guerra de Malvinas. En el mismo pabellón aparecen los teclados utilizados por Sandro junto a canciones escritas de su puño y letra, como “Te Propongo” o “Mi amigo el Puma” o el máster original del éxito “Rosa, Rosa”. En el mismo ámbito se proyectan imágenes de recitales y giras del cantante mientras suenan canciones de sus primeras épocas, como “3.000 tambores” o “¿A esto le llamas amor?”.
El siguiente pabellón abre con una sorpresa: desde un altoparlante se escucha el jingle de la Sedería Bruno, la primera grabación hecha por Sandro cuando todavía era un desconocido cultor del rock en su barrio de Valentín Alsina.
Después sus fans no dudan: todo es un pasaporte a la emoción para quienes siguieron al “gitano”. Brillan especialmente, en ese pabellón, los trajes de escena de las distintas épocas del cantante, incluidas varias versiones de su mítica bata roja.
Stella Rovito, Rosa Paz y Blanca Mujica, tres de las integrantes del club de fans que ayer recorrieron la muestra consideraron, con todo, que la mayor emoción la reserva la última propuesta: una película que recorre lentamente y metro a metro la casona de Banfield, esa adonde las fans “fuimos a cada cumpleaños y nunca pudimos recorrer y ver como podemos ver ahora”.

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